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Charles Brewer

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Expedición MUCHIMUK 2009 al Chimanta

Auspiciada por la Sociedad de Ciencias Naturales y la Fundación EXPLORA

  • Contenido:
  • - Introducción
    - La expedición MUCHIMUK del mes de Mayo del 2009
    - Resultados
    - Reconocimiento
    - Una Historia Pemón sobre Muchimuk
    - Presentación de los participantes, hojas de vida.

 

Introducción

(Esta introducción a la expedición MUCHIMUK corresponde a la presentación del libro que estamos preparando).

Cuando iniciamos la exploración de la Cueva que bautizaron con nuestro nombre en la cumbre Churi-tepui del Macizo del Chimantá, situado en las Tierras Altas de Guayana, la totalidad de las cavernas que habían sido exploradas en el Auyantepui, Akopán, Kukenam, así como las cuevas “Ojos de Cristal“ de reciente descubrimiento en la cumbre del Monte Roraima, fueron entendidas como la continuación de las grietas que rasgan la superficie de estas mesetas que están formadas por capas de arena y de otros materiales aluviales que fueron depositados a nivel del mar durante el inicio del período Precámbrico; es decir, antes de que aparecieran organismos con estructuras sólidas que pudieran dejar huellas o fósiles. Pero apenas llevábamos caminando un kilómetro dentro de aquella enorme galería -donde en uno de sus salones cabe la totalidad de aire que desplaza la cueva del Guácharo en Caripe-, nos dimos cuenta de que lo que estábamos observando tanto en dimensión como contenido cambiaría la historia de la espeleología porque, los túneles que recorríamos mantenían una dirección o acimut diferente al del que llevaban los dos principales sistemas de grietas que hienden toda la superficie de esta meseta de 2400m de altitud y porque en su interior han hecho su hogar unos seres pétreos que hemos llamado “Bioespeleotemas” y que resultaron totalmente nuevos para el mundo.

Ya a partir de 1971, cuando hicimos la exploración y el descubrimiento de las Cuevas del Cerro Autana, supimos que esta, que fue la primera cueva que se reportó en un tepuy, estaba abierta en una roca que era completamente diferente en composición y en origen al de las rocas de las demás cavernas del mundo y que tanto por la insolubilidad del cuarzo, como por el espesor y la densidad de los estratos de la roca que separaba esta caverna de la superficie de la meseta, no encontraríamos en ella los espeleotemas con forma de estalactitas o estalagmitas. Pero esto cambió radicalmente a partir de la exploración pionera que realizamos en el Macizo del Chimantá en el 2004 cuando Federico Mayoral, quien se había adelantado unos pocos metros al grupo de descubridores, nos reportó, por ser submarinista, que le pareció haber visto unos corales que estarían creciendo fuera del agua y directamente sobre el piso de la cueva. Desde ese momento se abrió para todos un largo camino de investigación que ha quedado marcado por unos hitos de asombro que hemos ido superando mediante ocho riesgosas expediciones solamente interrumpidas para tratarnos las enfermedades contagiadas por las cuevas y para organizar ideas.

Esta ansiedad de encontrar cosas nuevas no es algo que me haya ocurrido recientemente. Recuerdo que esta inquietud se inició cuando en la década de 1940 revisaba constantemente un álbum de barajitas de Nestlé que mi madre tenía guardado y fue algo que se avivó cuando mi padre me llevó para que oyera las historias que contaban los exploradores Gustavo Heny y Carlos Freeman, sobre las ruinas que habían visto de una ciudad perdida en la selva mientras volaban con Jimmie Angel. Pero aún no sabía yo que habría que ser estoico y austero para soportar el esfuerzo y la ansiedad necesarias para dirigir las expediciones que haría en el futuro, y que empecé a formar a los 16 años al escalar todos los picos nevados de nuestros Andes, cuando aún no había tiendas de campaña con piso ni sacos de dormir. Aquel estoicismo, que se fue haciendo norma de vida consciente con la lectura de Gurdieff, parecía ser el mismo comportamiento que mostraba el Coronel Percy Fawcett cuando se dirigió al Matto Grosso para descubrir una ciudad perdida de la cuál nunca regresó.

Sin embargo, no fue sino después de la expedición que dirigimos hacia el Alto Río Paragua para buscar la ciudad de Guirior y después de haber convivido con los indígenas Yekwana del Río Erebato en 1961, que junto con el piloto Harry Gibson, nos dedicamos a buscar seriamente a los evasivos Ewaipanomas, unos hombres con la cara en el pecho que, según contaban los indígenas, seguían deambulando por las selvas del Caura tal como le informaron a Sir Walter Ralegh cuatrocientos años antes. También tratamos de ubicar a una suerte de animal de origen Jurásico que creímos habría sido el responsable de hacer hervir la superficie del Lago Leopoldo con su zambullida en una oportunidad, cuando filmadora en mano, hicimos con el avión de Gibson un pasaje rasante por sobre esa caverna inundada que queda cerca del Cerro Autana. Pero nunca encontramos nada aunque, solo años más tarde, primero Alexander Laime y después los exploradores Armando Michelangeli y José Miguel Pérez, reportaron haber visto algo como unos Plesiosauros nadando sobre la cumbre el Auyantepui. Al principio pensábamos que las leyendas indígenas sobre monstruos voladores pudieran haber tenido su origen en algún Pterosauro trasnochado en el tiempo. Algo así como el Tupuxuara o el Anhanguera de cinco metros de envergadura que fueron excavados recientemente en Araripe, Brasil y que habrían podido anidar en las cuevas de los tepuyes que estuvieron abiertas al aire desde siempre, es decir, desde mucho antes de que ocurriera el letal impacto del meteorito que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años. Pero ahora pensamos que quizás en esta región pudo haber quedado rezagado algún animal volador de origen más reciente como del tamaño de los extintos Moa de Nueva Zelandia, lo que pudiera haber dado origen a estos mitos de las aves monstruosas que son compartidos por las etnias indígenas que viven cerca de los tepuyes.

Aunque hasta el momento no hemos podido conseguir ni en las cuevas del Autana, ni en las Simas de Sarisariñama o en las cuevas nuevas del Chimantá alguna cáscara de los huevos u otros restos de ese pájaro o murciélago maligno que habría tenido dimensión y fuerza sobrehumanas. Estos seres espantosos que son conocidos como Shári por el Alto Río Caura, o como Dimóshi por el Río Erebato y que por el Río Paragua fue conocido como Maripa-den o Déde, pudiera ser el mismo que ha sido identificado plenamente como –Muchimuk- durante las reuniones indígenas que se hicieron recientemente al pie del Chimantá y que al igual que los otros, habría sido un depredador dueño de la noche y de la vida que fue vencido en la región del Chimantá por un hombre que se disfrazó de Oso palmero. Pero la primera leyenda que nosotros oímos en 1961 fue narrada por los indígenas Macushi que vivían cerca del Guaiquinima-tepui del Río Paragua, quienes aseguraban que uno de los refugios de este animal fue descubierto en la escarpa occidental de esa meseta, después de que los habitantes de uno de los pueblos que había cerca de allí, decidieron preparar a un señuelo para agarrar aquella misteriosa criatura que no sabían como lucía porque siempre atacaba en la oscuridad. Para resolver el misterio decidieron entonces agarrar a una anciana del pueblo, quien a pesar de que quiso oponerse a que la emplearan como alimento, la fuerza del grupo pudo más que sus gritos; le ataron un tizón encendido a una pierna y la dejaron amarrada en la playa durante la noche. Entonces, cuando aquél enorme depredador nocturno se presentó a buscar añejada presa y se elevó en la oscuridad, los guerreros pudieron seguir por el firmamento la ruta de chispas y gritos que rasgaba la noche y tal como siguiendo a un mapa, pudieron ver cómo aquel ser de la noche se dirigió hasta su morada cavernaria situada en la pared del Maripa-tepui (Cerro del murciélago). Cuando los hombres treparon hasta la cueva encontraron a este Maripa-den meciéndose en su hamaquita como un murciélago y lo flecharon. Entonces este Maripa-den salió por la parte de atrás de la caverna después de despedirse de sus hijos, recomendándoles que dejaran la costumbre de comerse a los humanos. Maripa-den o Dimoshi volaba muy malherido pero se remontó y pudo volar hacia el oeste, pasando por encima de un río en el que defecó, y es por ello que desde entonces a este río se le conoce como Dede-wata (Erebato), que es por donde vivimos con los Yekwana.

Por el tiempo pasado en la selva todos nuestros sentidos se fueron afinando y aunque las cáscaras de huevos prehistóricos aún no se han materializado, consideramos que la preparación que logramos con nuestro empeño por buscar cosas que a nadie le preocupaban, nos permitió encontrar cuevas que nadie había visto; colectar centenares de ranas, insectos, escorpiones y plantas que han resultado ser nuevas especies para el mundo; encontrar cráteres con restos de meteoritos imantados; sostener en nuestra mano las muelas de un Megaterio del Río Manapiare (Estado Amazonas); así como el haber topado en medio de la selva con un secreto e importantísimo yacimiento arqueológico. Pero quizás lo más importante de toda esta preparación fue el haber podido entender desde el primer momento que, dentro de estas cavernas que recorríamos y descubríamos estábamos acompañados por estas Bioespeleotemas que mencionamos al principio y que resultaron ser unos organismos pétreos únicos en el mundo porque se encuentran vivos, aunque su procedencia, la forma de metabolismo y el Reino al que pertenecen, sean aún desconocidos. Pero que sellados en el interior de la oscuridad más extrema que reina en el seno de la roca de esta meseta del Chimantá, que es el único lugar donde se han encontrado, han estado progresando durante centenares de miles de años de oscuridad absoluta, registrando en sus bandas de crecimiento una información que al descifrarla permitirá conocer la duración de las sequías o las eras glaciales, entender la duración o las consecuencias de los fenómenos tectónicos provocados por la deriva continental, o por las intrusiones de magma, o por las erupciones volcánicas que ocurrieron en el área; ya que los tejidos pétreos de estos organismos han guardado grabada en su interior esta información tal como si fuese una detallada bitácora del paleoclima.

Para concluir esta breve presentación, y a pesar de que al principio no me creí que fuera del todo necesario, debo aprovechar la oportunidad para desmentir rotundamente que estas cavernas que perforan las entrañas del Mundo Perdido correspondan a la cueva Akahim; la supuesta entrada norte de la gran cueva de Akakor que fue descrita e instalada en la mitología selvática desde que el desventurado Karl Brugger se entrevistara con Tatunca Nara poco antes de ser asesinado en Manaus. Así como también considero oportuno dejar claro que, tampoco hemos encontrado en ningún salón de esas oscuridades eternas alguna mesa de oro procedente de la cultura Ugha Mongulala, a la cuál ahora sólo le quedarían tres patas después de que, según le comentaron al concejal Issam Madi en Santa Elena de Uairén, con la ayuda de una segueta y de ciertas complicidades le hubiésemos arrancado la cuarta pata para poder financiar nuestras expediciones.

Como ven, tenemos mucho que contar sobre nuestros descubrimientos y avistamientos pero, también mucho que callar. Esto último, debido a una promesa que le ofrecí a José Miguel, a Federico y a mi hijo Charles después de los llevé a ver el lugar de la ciudad de Manoa, porque sabemos que la calidad de la información que ofrecemos sería preparada como una ventana para estimular a los inquietos y también podría servir como la puerta de una cripta para los codiciosos.

Para justificar las fotografías que hemos elegido para este libro entre millares, me apoyo en las palabras que expresó el indígena Pemón Leonardo Criollo después de que nos acompañó durante 10 días para explorar la nueva caverna que bautizamos como Muchimuk: “No hay en nuestra lengua palabras para explicar lo que he visto, porque de esto sólo se habla en los sueños”.

La expedición MUCHIMUK del mes de Mayo del 2009

Nuestra decisión de montar otra expedición para explorar una nuevas cavernas que habíamos ubicado y fotografiado en el extremo norte del Churi-tepui que ya habíamos visitado en el mes de Enero de este mismo año, se debió principalmente a que el progreso de nuestra investigación se encontraba amenazado por la súbita intervención de un grupo de espeleólogos foráneos que se habrían portando como unos “paparazzi” o “chupa ruedas” (que es como se le llama a los ciclistas que aprovechan el esfuerzo de los punteros). No obstante, y gracias a unas recientes aclaratorias que permiten comprender hasta cierto grado este absurdo comportamiento, estos espeleólogos extranjeros de muy alta categoría se presentaron a explorar las mismas cuevas en las que habíamos estado trabajando en forma permanente (por lo que inicialmente calificamos esto como un acto de piratería espeleológica), debido a que habrían sido llevados hasta este lugar totalmente desconocido por ellos por alguien de origen local que no identificaremos pero que, obviamente no le no da importancia alguna a las investigaciones que hemos estado realizando en esta montaña durante los últimos cinco años.

Cuando la llegada de los primeros participantes el 1 de Mayo del 2009, dimos inicio a la expedición, sabíamos muy bien que durante el mes que demoraría la exploración se iniciarían las lluvias y por lo tanto, conscientes del riesgo que implicaba ir a explorar estas cavernas donde los ríos huéspedes que provienen de la cumbre de la montaña provocan inundaciones explosivas. Y fue por esto que el primer requisito del equipo élite de exploradores Eslovacos y Checos que habíamos invitado para acompañarnos a descubrir las nuevas galerías, fue que llevásemos con nosotros un bote inflable para el caso de quedar atrapados por un tsunami cavernario; tal como ya nos había ocurrido durante la expedición de Mayo del año 2004. Además acordamos que las linternas y el equipo para realizar la exploración debían ser impermeables y empacados para que se mantuviesen a flote. Sin embargo, la inexplicable extensión del verano que ocurrió durante este año nos favoreció y, todos los objetivos que nos propusimos realizar se cumplieron. Ello, a pesar de que hubo ciertos incidentes que produjeron cierta tensión y molestia en el ánimo de algunos de los participantes; tal como el caso de uno de los exploradores que por cierta inexperiencia quedó colgando durante una hora al tratar de superar una cornisa situada a 20 metros de altura; o que el más experimentado de los topos espeleólogos se hubiese extraviado durante dos horas en la nueva caverna que exploraba; o que uno expresó su preocupación porque la mantequilla de maní se había quedado en el Campamento Base; y otro porque durante los últimos nueve dias de exploración no hubiésemos encontrado suficiente agua cerca del campamento y que el agua disponible para lavarnos era la que encontramos empozada en las huellas dejadas por nuestras botas o en el interior de las piñas del género Brocchinia. No obstante esta situación, debo señalar que durante la expedición ninguno se preocupó de como olíamos por causa del sudor constante y un total desaseo pero, al llegar a Yunek procedimos a bañarnos en el río y a cambiarnos la ropa y las medias para no dar alguna mala impresión a los pasajeros de las avionetas y los autobuses que nos acompañarían de regreso a Caracas.

Resultados

Pasada la introducción anecdótica sobre las condiciones generales que tuvo que superar el equipo, es preciso comentar que las actividades planificadas para realizarse en una sola etapa durante el mes de Febrero, tuvieron que ser fraccionadas en tres partes por falta de presupuesto, y debido a esto algunos de los participantes tuvieron que cambiar varias veces la fecha de sus vuelos, alterar su itinerario de trabajo, así como modificar su tiempo de permanencia en el campo. Sin embargo, todos los objetivos que nos propusimos para cumplir durante esta compleja expedición que llamamos MUCHIMUK (debido a un ser de la mitología Pemón que explicaremos mas adelante), dieron resultados superiores a los esperados. Y las principales actividades que se realizaron fueron las siguientes.

1- Se instaló el Campamento Base en Yunek, un poblado indígena Pemón situado a 880msnm en la base del Akopán-tepui. Allí obtuvimos el permiso para explorar esta montaña y se reclutó un personal de apoyo para el trabajo fotográfico que se realizó en el área y el Pastor evangélico Pemón Leonardo Criollo y su sobrino el Sr. René Álvarez que son dos miembros de esta comunidad, participaron y activamente con nosotros en la exploraciones de las nuevas cuevas que descubrimos en la pared norte del Churi-tepui (una de las diez mesetas que coronan al Macizo del Chimantá)

2.- Durante los primeros 6 días de la expedición se realizaron unas grandes fotografías nocturnas de la pared del Akopán-tepui y después unas notables fotografías de dos de las galerías situadas en el interior de la Cueva Charles. Estas imágenes fueron captadas por el afamado fotógrafo Mathias Kessler, apoyado un equipo formado por Andreas Fitzner, Thierry Bal y Peter Tooke, y el apoyo logístico de Javier Mesa, de Igor Elorza y de ocho miembros de la comunidad de Yunek.

3.- Una larga entrevista realizada para la revista GEO de Alemania por Roland Schultz. que estaba inscrito como miembro de esta expedición.

4.- El estudio de la edad de algunos Bioespeleotemas ubicados en la Cueva Charles estuvo a cargo de los Profesores Joyce Lundberg and Don McFarlane con la asistencia de Karen Brewer.

5.- La documentación fotográfica de las diversas formas, familias y colonias distintas de las Bioespeleotemas de la cueva Charles así como de las cuevas que hemos llamado Eladio, Muchimuk y Colibrí fue realizada principalmente por el fotógrafo Javier Mesa.

6.- Cuatro documentales cinematográficos de diferente calidad, objetivo y extensión, fueron realizados respectivamente por el afamado cineasta Pavol Barabás (el más ambicioso) y otros tres documentales más breves fueron realizados por Peter Tooke, Federico Mayoral y Miguel Yabrudes, asistido este último por los Sres. Alfredo Chacón y Roberto Brewer.

7.- Una investigación registrada mediante aerofotografías oblicuas sirvió para ubicar nuevas zonas espeleológicas en el Murey-tepui, el Tirepón-tepui y el Eruoda-tepui del Macizo del Chimantá, durante este vuelo de exploración piloteado por el Cap. Ben Williams, participaron Charles Brewer-Carías, Branislav Smida y Pavol Barabas. Esta exploración resultó de extrema importancia ya que las imágenes logradas en un lugar cuya ubicación aún no daremos a conocer, pero que temporalmente hemos llamado -Las Cuevas del Queso-, se pueden apreciar al menos 16 cuevas secas donde en la actualidad no corre agua; lo cual permite deducir que éstas son el testimonio de la actividad erosiva provocada por corrientes de agua subterránea conducida por tubos freáticos que al parecer se encontraban drenando estos estratos y sedimentos a medida que iban siendo levantados desde su posición inicial a nivel del mar, hasta su nivel actual de 2400m.

8.-Las fotografías de gran formato fueron realizadas por Marek Audy con la asistencia de Richard Bouda. Estas pueden ser apreciadas estereoscópicamente y fueron iluminadas con magnesio. El trabajo se realizó principalmente en los salones, lagos, cascadas y galerías de las nuevas cuevas nombradas como Muchimuk, Colibrí y Eladio que exploramos y descubrimos en la escarpa norte del Churi-tepui.

9.- La exploración y medición de las galerías, salones, lagos y deltas subterráneos que fueron localizados en las nuevas cuevas nombradas temporalmente como: Eladio, Colibrí y Muchimuk fueron medidas y levantadas topograficamente por Branislav Smida, Marcel Grifflik, Marek Audy y Richard Bouda, con el apoyo de Federico Mayoral, Pavol Barabás, Javier Mesa, Igor Elorza, Leonardo Criollo, René Álvarez, y Charles Brewer-Carías. Esto produjo como resultado la ubicación de empalmes de las nuevas cuevas con los extremos parcialmente tapiados de agunas de las cuevas que ya habían sido estudiadas en expediciones anteriores. Esto ha generando una nueva dimensión y estamos introduciendo el concepto de -el SISTEMA-, ya que así podremos mostrar mejor la magnitud de los espacios que hemos descubierto hasta la fecha, ya que las galerías conectadas a la Cueva Charles Brewer original han permitido extender esta hasta 17,8 km de longitud: (Cueva COLIBRI 4,6 km, Cueva MUCHIMUK 3,2 km, Cueva CHARLES BREWER 5,2 km, Cueva DIABLO 2,3 km, Cueva ZUNA 2,5 km). Lo que nos permite considerar a esta cueva de cuarcita como la más larga y voluminosa del Mundo.

10.- El material genético que permitirá identificar los organismos responsables de las diversas formas que adoptan las Bioespeleotemas fue colectado y preservado por Charles Brewer y Karen Brewer para que su ADN (DNA) sea estudiado inicialmente por los Profesores Klaus Jaffe y Luís Márquez de la Universidad Simón Bolívar y del Instituto IDEA de Caracas respectivamente.

11.- Durante nuestra permanencia en la escarpa norte de Churi-tepui, así como en la Cueva Charles, se fotografiaron y se colectaron algunos caracoles, insectos, escorpiones, ranas y plantas que era la primera vez que se observaban y que pudieran resultar nuevas especies. Esta documentación principalmente a cargo de Karen Brewer (en la Cueva Charles) así como Javier mesa, Federico Mayoral, Marek Audy, Richard Bouda, Pavol Barabas, y Charles Brewer-Carias.

12.- Publicaciones.- La preparación de los mapas para ilustrar la topografía de las nuevas cuevas, así como la relación de continuidad que se descubrió con las otras cavernas que se habían estudiado previamente, se publicarán en las revistas especializadas a la mayor brevedad y seguidamente se publicarán en un maravilloso libro que estamos escribiendo junto con Marek Audy y Brano Smida. Este volumen de 250 paginas se imprimirá gracias con la asistencia de Carlos Capriles y Alfredo Guadarrama y el apoyo de José Luis Colmenter (El Morocho).

Reconocimiento

La mayor parte de esta expedición se realizó gracias a los convenios de apoyo hacia la Fundación EXPLORA por parte de las instituciones LOPCO de Venezuela, Calidrat C.A. y CORRECCION VISUAL C.A. ; y el financiamiento de buena parte de la expedición se debió al interés personal del Dr. Enrique Suárez, del Sr. Horacio Velutini , del Sr. Carlos Reitze, del Sr. Alfredo Chacón y del Sr. Andrés Mata, así como por el apoyo y la participación personal del Sr. Federico Mayoral.

Parte del transporte aéreo fue realizado gracias a la cooperación de los pilotos Octavio Colson, Roberto Brewer y Alberto Tovar, Raúl Arias y Ben Williams y el apoyo de seguridad logrado mediante el ensamblado de una red de poleas y equipos Petzl para cuerdas de 11 mm, fue realizado por los Sres. Javier Mesa e Igor Elorza.

El apoyo institucional de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales fue coordinado por los Sres. Farid Ayaach y el Arq. Mario Gabaldón.

Quiero agradecer muy especialmente el apoyo que he recibido de mi esposa Fanny y de mis hijos Ñuñú, Carla, Chayo, Karen y John, porque eso es lo que me ha permitido continuar explorando y descubriendo.

 

Una Historia Pemón sobre MUCHIMUK

27-Abril-2006. Según relato de Julio Somera y de Claudio miembros de la comunidad Santa Maria de Wonken:

En el Tramen-tepui y el Upuigma-tepui existía un “tiri-tiri” o “Muchimuk”, y en aquel tiempo había un Piasán (Brujo) muy poderoso que se llamaba “Apichawai“, quien al ver que el ave estaba acabando con su gente, decidió intervenir para matarlo.

El Piasán prendió su tabaco y cuando quedó dormido pudo ver como era el aspecto de este Muchimuk y el sitio donde vivía.

El Piasan se preparó entonces un disfraz que construyó con la piel de un Oso palmero (Myrmecophaga tridactila) al cuál rellenó con algodón para que el ave no le hiciera daño con sus garras y también llevaba consigo el “Waktok” de piedra que usaba como encendedor y unas pelusas como de algodón de “Asadek” (Ceiba pentandra) que es muy inflamable. También como arma llevaba un hacha de piedra muy afilada y se fue a un lugar cercano de Tramen-tepui (a sur de Yunek y Wonken), que es un cerro que queda hacia donde la gente pernocta cuando van por el camino de tierra hacia el pueblo de Urimán que está en el rio Caroní.

Un día mientras el Piasan Apichawa esperaba dentro de su disfraz, el pájaro gigante se le acerco y el Piasan se dejo agarrar por este pájaro que quería comerse al Oso. Entonces este pájaro Muchimuk cargó al Piasán disfrazado por sobre el Acopan y otros tepuyes, y cada vez que el ave bajaba para pararse y poder comer, el Piasán la empujaba con el hacha y de esta forma evitaba que el pájaro descansara del peso que cargaba. El pájaro siguió así volando por varias horas con el Piasán colgado de sus garras y lo llevó volando por sobre el Apaurai-tepui (east of Yunek) (also known as Cerro de la Urna) y por último lo llevó hasta el Tramen-tepui, que es el lugar donde tenía su nido, y cuando el pájaro se posó en el Tramen-tepui se encontraba ya muy cansado y no pudo levantar el vuelo otra vez, entonces el Piasán Apichawa aprovechó y le pegó con el hacha en una paleta en la parte de arriba, lo mató y después lo despedazó.

MUCHIMAK: Sería el nombre del lugar donde vivía Muchimuk y Tok-datak- (Esta ultima palabra se puede traducir como: Lugar propio de la cueva)

Muchimuk2Charles Brewer en CuevaBioespeleotemas Marek Audi y Charles BrewerMuchimuk1
 

 

 

 

 

 

 

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